Pandora

El universo al que tanto cantó Aute tiene 300.000 millones de estrellas. El cuerpo humano se compone de 30 billones de células. Aunque Beatriz Montañez se vaya a hacer yoga en medio de un bosque con una Quechua –le pasa a cualquiera: cuanto más conocemos a Toni Cantó, más tiernos parecen los quebrantahuesos– en plan eremita chic, la interdependencia entre los seres humanos –unos con más humanidad que otros– es más evidente y necesaria para sobrevivir que cuando cada uno vivía en su cueva entre pinturas rupestres de búfalos y el antílope se comía tirando a poco hecho, en función del fuego que diera una piedra. La ficción de la certidumbre que dibujamos a diario se sostiene en gran medida por el azar, su prima hermana la casualidad y su hermanastra la costumbre. Lo dijo Woody Allen, lo más bonito que te pueden decir en la vida no es «te quiero» sino «es benigno». El amplio espectro de conocimiento que explica que al sol de la mañana suceda la luna de la noche, a fin de cuentas, deriva en el mismo resultado que para nuestros primos de Orce. Puede que un día, de súbito, al día no suceda la noche o a la noche el día –eclipse, lo venimos llamando–, entonces todas las certezas que sostienen nuestros hábitos se derrumban. Así, el cambio de sistema operativo de Windows, que la FundéuRAE sostenga sin preaviso que la hija de «La más grande» es Rociito, así sin tilde, o que Perales, con tristeza conquense, revele que el «Por qué te vas» que compuso a Jeanette en realidad era «Porque te vas», adverbio causal. Causa-efecto, y así pasan los días. El «efecto mariposa»: Elecciones en Cataluña-moción en Murcia-adelanto en Madrid-moción en Castilla-León- ¿Adelanto en España?-¿Adelanto en Andalucía? «The unboxing of Pandora»: Arroz mil delicias y sopa de murciélago-coronavirus desatado-Wuhan confinado- China cerrada (valga la redundancia)-suspensión del Mobile- «Hay que ver lo que comen los chinos»- «Cómo son los italianos»-«En España no pasaremos de un par de contagios»- Estado de alarma-«Miles de muertos»- «Aplausos a las 20:00 y ‘Resistiré’»-el PIB «al carajo»-«los culillos de las vacunas»-«que Dios nos pille confesados». De las catacumbas a esta parte, se han alcanzado las mayores cotas posibles en el Mineralismo, aquella religión que proclamó Arrabal en lo alto de una mesa. Probablemente estaría, llamémosle, Mohamed viendo algún gol de Salah o a Kevin Bacon cantando por los Backstreet Boys con una llama detrás, con su mascarilla de andar por casa –conocida ahora como mascarilla Aznar– y le sonaría el móvil. «Coge las llaves de la excavadora». Y entonces aparece el señor gruista frente a la inmensidad de un buque lleno de contenedores, cargado con las futuras decepciones de Aliexpress y puede que algo de costo en algún resquicio. Un tercio del comercio del planeta depende de golpe de la pericia de una excavadora y un egipcio. Por Isis, por Tutatis, por Amón. El sistema, la armonía, se basa en la rutina y la fragilidad es un lamento, como una canción de Triana. En 1921 en Indiana movieron un edificio de 11.000 toneladas y 35 metros, con sus empleados dentro. Es posible que estos días esté pasando eso en el mundo, que se esté moviendo el eje, nos aferremos a la rutina y el sol ya entre por otra ventana. Dijo Vincent Van Gogh: «Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas». La humanidad interconectada, la vida en sí, es un milagro. «La noche estrellada»: sobre lienzo, óleo. El árbol más viejo de Europa clava sus raíces en la Sierra de Cazorla de Jaén. Un tejo solitario en un mar de olivos con más de 2.000 años que ha visto pasar a romanos, visigodos, árabes y cristianos; guerras y pandemias bajo unas ramas que claman a las estrellas del cielo. «Todas las promesas de mi amor se irán contigo», compuso Perales. Conviene no confundir casualidad y destino.

«Hasta que la política nos abandone» (una canción de Perales)

«Aunque haya ganado las elecciones, jamás olvide que al final va a perder el poder. Prepárese usted. La victoria de ser presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser ex presidente. Prepárese usted. Hay que tener más imaginación para ser ex presidente que para ser presidente. Porque fatalmente dejará detrás de sí un problema con nombre: el suyo». Lo escribió Carlos Fuentes en «La silla del águila» como si tuviera presente la situación de Chaves y Griñán; no hace tanto, amigos, compañeros de cineclub y residentes en Sevilla.

Manolo (Chaves) y Pepe (Griñán) son ya un retrato abocado al sepia, historia de cuerpo presente de la Junta y del PSOE andaluz, que no es lo mismo aunque desde hace tres décadas parezca que es igual. La de Chaves y Griñán es una renuncia en diferido, como la indemnización por el despido de Bárcenas. «Las mayores mentiras se dicen siempre en silencio» (Robert L. Stevenson). Chaves y Griñán se marchan motu proprio. «Por motivos personales» pero empujados por el partido, la situación y el bloqueo del Parlamento. La salida menos honrosa (y «virgencita, que me quede como estoy») tras una vida en la política. El fin del trayecto, en diferido, con la certeza, aunque en voz alta se niegue, de que, salvo excepciones, en España nadie deja la política sino que es la política la que abandona al político.

Tras el titubeo característico de su oratoria y la imposición consecuente del paso dado por Griñán anunciando su salida «para evitar presión al partido», Chaves comunicó a Ferraz que no se presentará de nuevo como diputado por Cádiz. Chaves no ha podido manejar los tiempos tras ponerlo su otrora amigo Griñán a los pies de los caballos, (los) Podemos y (los) Ciudadanos. En Ferraz, si no directamente sí con indirectas, como en un monólogo de Gila, le señalaron la salida a Chaves, que cumplirá 70 años en julio y fue diputado en las primeras elecciones democráticas (1977), presidente de la Junta 16 años y vicepresidente del Gobierno. Desde San Telmo, la respuesta de Susana Díaz al correo de Griñán con asunto «por mí que no quede, que no se diga, ahí os quedáis» fue un lacónico: «Déjame a mí que yo gobierne esto».

Aunque animales políticos ambos, la naturaleza de Chaves y Griñán es muy diferente. Chaves sólo aceptó, cuando se escuchaba el tantán de guerra de los ERE, una escapada «hacia arriba», de la mano de Zapatero, en la Semana Santa de 2009. Se trata de dos personalidades complementarias si se quiere pero antitéticas. Uno, listo y experto en el arte del status quo; inteligente, culto y no exento de soberbia, el otro. Ambos, tan cercanos antes y alejados desde que Chaves eligiera por democracia dactilar como sucesor a Griñán, se exponen ahora, con el fin de su aforamiento, a formar parte de la instrucción de la jueza Alaya. La renuncia de los ex presidentes, de facto, al margen del valor simbólico, sólo les afecta a ellos mismos en tanto el burladero aforado del Congreso y el Senado se derrumba. Los ex presidentes no han podido salir por la Puerta del Príncipe. Del desarrollo del proceso judicial dependerá que haya puerta de enfermería. La situación procesal de Griñán, como ex consejero que desoyó los informes de la Intervención, se antoja más complicada que la de Chaves. También difiere la aceptación de la realidad procesal, una vez desterrada la teoría de «los cuatro golfos» (Chaves y después asumió la tesis Griñán) y el «es imposible que la jueza me impute» (Griñán dixit). «No hubo un gran plan pero hubo un gran fraude», mantuvo Griñán en el Supremo. «He renunciado a todo, qué más quieren que haga», señaló tras su renuncia. «Yo no renuncio a nada», indicó Chaves, que en el Supremo se limitó a señalar que no sabía nada o que le era imposible conocer a los 200 directores generales de las consejerías, entre ellos, Guerrero. «No soy ningún Superman», indicó en la SER, con el pensamiento de reojo en el orgullo de su antiguo amigo Pepe. Griñán trató de manejar la situación heredada tras Chaves, de crear (leves) cortafuegos con las ayudas, de separar el PSOE de la Junta, algo que pronto vio que era como extirpar un parásito del órgano anfitrión y a lo que acabó renunciando en nombre de un bien mayor: conservar el poder. Retrasó las elecciones en 2012, consiguió una dulce derrota para gobernar y en 2013 se marchó por «motivos personales». Como ahora Chaves. Esta vez Griñán sí ha admitido la erosión por los ERE. En un comité director, Griñán alzó la voz y echó en cara a los presentes la situación. «Todos sabéis de dónde vengo y cómo me iré. No todos podéis decir lo mismo». Los presentes agacharon la cabeza. Después siguieron conspirando.

«Cuando el tiempo nos alcanza»
En la primera parte de su biografía, Alfonso Guerra citaba a Percy Shelley: «Nadie apedrea un árbol que no esté cargado de frutos». Los nuevos partidos han puesto en el punto de mira a los ex presidentes, igual que el cazador buscar cobrarse una pieza de caza mayor, en el nombre de la regeneración democrática. Se trata más de un gesto simbólico que del fin de una era. A los ex consejeros imputados en los ERE nadie les ha pedido su dimisión. A Alfonso Guerra, en la infancia, le llamaron el «resucitado» porque sobrevivió a una enfermedad de las que se te llevaba por delante. Ni Chaves ni Griñán han sobrevivido a los ERE, por más que hayan tratado de alargar la agonía. Cuenta también el Guerra en sus memorias que un día le cogió Felipe y le dijo: «Alfonso, si tú ves que yo algún día pierdo el sentido de la realidad, me desvío de la senda acertada, adviértemelo para corregir inmediatamente. Y si te ocurre a ti, yo te llamaré la atención». El auriga que susurra al oído «recuerda que eres mortal». Memento mori, que en el caso de Chaves y Griñán suena al «Frente a frente» de Jeanette con unos ojos cargados de mirada y la postdata: «Que Alaya nos coja confesados. Hasta aquí hemos llegado».